lunes, 14 de noviembre de 2011

Ciudadano Kane

Recuerdo perfectamente la noche en que, hará unos once o doce años, a eso de las 00:30, mi padre me avisó de que me iba a poner una de las cinco mejores películas de todos los tiempos.
Recuerdo su "fíjate, fíjate, fíjate" al cruzar la verja. La mansión, al niño. La atmósfera general, las perspectivas que mostraban la acción desde extraños puntos de vista. La parte periodística, en un momento en el que me planteaba dedicarme a ello. El misterio, claro, la clave, y la memoria, y el Final, y la mirada de mi padre mirándome la cara que puse.

La segunda vez que la vi, varios años después, ya sabía algunas cosas sobre la historia de la película, y sobre W. R. Hearst. Creo que fue la segunda vez en la que tuve serias dudas entre "lo que era o fue real y lo que no"; la primera fue con Zellig, de Woody Allen. Me fijé mucho en la narración de la historia a través del documental, en el personaje de Joseph Cotten, y en la Caída.

Hace dos o tres años, vi "un trozo empezado" de RKO 281, el "drama histórico" sobre la película y la reacción del supuesto retratado. No estaba mal, pero decidí no verla; no me apetecía ver a un fulano haciendo de Orson Welles; después de algunas dudas, tampoco quería que me contasen "la verdadera historia sobre". De hecho ahora, recordando esa segunda vez, pienso automáticamente en escenas del drama histórico, algo así como la historia de la historia, contaminada por la historia de la historia de la historia.

Mares de tinta se han escrito sobre esta película, y más que se escribirán.
Cuando "se nos mandó" este comentario, una cosa personal, pensé que estaría bien escribirlo desde la memoria.
Ahora es un buen momento para volverla a ver.

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Wim Mertens en Carne Cruda

http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-wim-mertens-visita-lujo-11-11-11/1246948/